Mutatis mutandis

17 Agosto 2008

Aunque tú no lo sepas (Quique González)

Archivado en: General — Fer @ 8:30 pm

 

Aunque tu no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tu no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tu no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.

Inventamos mareas
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.

13 Agosto 2008

Pulgarcita

Archivado en: General — Fer @ 11:27 pm

3 Agosto 2008

Psicólogos

Archivado en: General — Fer @ 9:04 pm

                                                                          

          Jorge Corsi, afamado psicólogo argentino, catedrático de la Universidad de Buenos Aires, ha sido detenido como presunto cabecilla de una banda de pedófilos. Para los que no conocieran previamente su nombre o su figura, la noticia desacreditará de alguna forma la profesión del psicólogo, o simplemente el dato se añadirá a los que abundan en la creciente desconfianza y sospecha hacia el género masculino en materia de agresiones o abusos de cualquier categoría. Para los que hemos oído de su prestigio como autoridad en temas de violencia doméstica, hemos asistido o querido asistir a algún curso en los que participaba, o contamos con alguno de sus libros en nuestras bibliotecas profesionales, la noticia es algo así como si descubrimos de repente que el Juez Garzón se dedica en sus ratos libres al narcotráfico de gran escala, que Madre Teresa se gastaba las donaciones en las maquinitas, o que Super Schwarzenegger y el gran Sabina son un par de mariconazos.

                         El reputado profesor de 62 años “presuntamente” se reunía en su piso junto con un profesor de música y otro de educación física con adolescentes a los que captaban y seducían. El impacto no sería tal si se tratara de un terapeuta ordinario, un psiconeurólogo o un psiquiatra corriente. Pero Corsi es, más que otros, conocedor de los mecanismos de defensa, las distorsiones cognitivas, y las justificaciones que mueven al agresor familiar,  un estudioso del impacto de las patologías familiares en el sujeto, de sus génesis, autor junto con otros de programas de intervención con hombres que ejercen la violencia doméstica. Sin ánimo de moralizar, era esperable para un hombre de su capacidad de análisis e introspección que sus gustos sexuales, cualesquiera que fueren, no traspasaran cuanto menos la barrera de lo legal, que pudiera hacer valer todo lo que conocía y adoctrinaba en auditorios para su propio control.

                      Seguiremos la evolución de la noticia, que tiene tintes literarios (Dr. Jekill y Mr. Hyde, el respetado profesor que aprovecha los viajes y conferencias para establecer contactos que alimenten el insaciable apetito de su lado oscuro…). Pero hoy por hoy, como en otras ocasiones, me afecta la caída del mito. Los hombres y mujeres que por su profesión o actividad sirven de estímulo e inspiración a otros, tienen un deber moral que en mi opinión excede el ámbito de su imagen pública: no decepcionarnos, no abundar en la desesperanza universal hacia la endeble materia humana de la que estamos hechos, no hacer nunca visibles a niveles de escándalo sus miserias; no matar, en definitiva, la inocente (y errada) mirada mitificadora que aún mantenemos hacia algunos mortales.

26 Julio 2008

Across the universe

Archivado en: General — Fer @ 1:49 pm

Words are flying out like
endless rain into a paper cup
They slither while they pass
They slip away across the universe
Pools of sorrow waves of joy
are drifting thorough my open mind
Possessing and caressing me

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world

Images of broken light which
dance before me like a million eyes
That call me on and on across the universe
Thoughts meander like a
restless wind inside a letter box
they tumble blindly as
they make their way across the universe

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world

Sounds of laughter shades of life
are ringing through my open ears
exciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world
Jai guru deva
Jai guru deva

21 Julio 2008

Exento

Archivado en: General — Fer @ 4:22 pm

                     Cuando tenía ocho años tuve una inflamación de amígdalas que me produjo fiebres reumáticas. Me operaron de la garganta y estuve un mes sin ir al colegio. Como consecuencia, o puede ser que ya lo tuviera, me apareció un soplo cardíaco. Luego he sabido que muchos niños nacen con el famoso soplo, pero un médico amigo de la familia me recomendó que no hiciera ejercicios bruscos, y quedé exento de la gimnasia del colegio. Yo no era ya en aquel entonces un niño muy atlético ni especialmente dado al deporte y a la actividad física. Prefería los juegos sedentarios, el dibujo y leer tebeos.

                      Los profesores de gimnasia del colegio no ayudaban precisamente a que fuera una actividad motivadora. Uno de ellos, militar retirado imponía su estilo cuartelero a la actividad deportiva, destacando, con nulo talento pedagógico, los fallos y torpezas de los alumnos, haciéndolos risibles al resto de la clase. El otro, su joven segundo de a bordo, una promesa a la sazón del atletismo, tenía también modales algo chulines y descalificadores. Todo ello en el contexto de un colegio del tardo-franquismo, en el que el festival de fin de curso (nada que ver con los actuales, con sus coreografías, bailes mixtos, y música de Grease y High School Musical) recordaba al desfile militar del día de San Fernando, con un montón de niños uniformados, en formación, y marcando el paso. Sin que sirva de justificación, e intimidado por la actividad como estaba, he de decir que me vino muy bien que se perpetuaran los justificantes médicos aún cuando ya había desaparecido la causa, por lo que fui un eterno “exento” de la asignatura.

                       Así que ahí estuvo el origen, como bien dice mi amigo Quique. Puede ser que si no se hubiera producido este hecho, al final habría acabado encajando más o menos en gimnasia. Puede que, en la edad del desarrollo, y dado que no tengo ningún defecto físico notable, tras mucho practicar hubiera llegado a pasar desapercibido dentro de los grupos deportivos. Puede que, si ésto hubiera sido así, habría llegado a simpatizar con los deportistas de la clase, líderes naturales del grupo, y me hubiera puesto al día en las habilidades propias del macho de quince años. Puede que finalmente me hubiera gustado el fútbol, habría aprendido las alineaciones y me habría excitado en los grandes partidos de interés, y así me integraría en las actividades y gustos típicos de los varones. Por extensión, puede que pasara más tiempo viendo deportes ante el televisor. Habría tenido más cosas en común con mi padre, que hubiera disfrutado de compartir sus hobbys, y me habría visto más similar a él. No habría pasado tanto tiempo entre amigos de las artes, poetas, cinéfilos y perdedores natos, oyendo a cantautores o divagando ante hojas de papel. Mi carácter posiblemente sería menos dado a la melancolía y más orientado a la actividad física. Si hubiera sido amante del deporte, habría arraigado más los valores y puntos de identificación universal de los hombres. Habría ido antes de putas, y habría perdido antes la virginidad. Hubiera sido más duro y protector, como le gustaba a mi mujer, que no me habría dejado por otro. No habría perdido tiempo con eternos enamoramientos antipragmáticos y demás mariconadas. Sería ahora, posiblemente, un macho conformado y feliz.

                         En aquel curso de tercero de primaria empezó a forjarse mi forma de ser, tan poco práctica. Qué mala suerte. Ahí empezó todo.

19 Julio 2008

Setenta minutos

Archivado en: General — Fer @ 7:08 pm

            Repaso con mi boca su vientre, subo hasta su boca. Hay como un hábito creado, sobre actos repetidos, de generar maravilla cada vez que llega con su tiempo tasado. Luego, recogido en la cueva que forman nuestras dos cabezas, dentro del oscuro, saboreo su rostro suave, mientras me habla de la dificultad de reproducir o volver a encontrar esa química de cuerpos y almas a voluntad, y las palabras se nos deslizan lentas, perezosas. Parece que ya no es importante lo que se diga, viejos amigos y amantes, fríos y descreídos, espectadores y actores de su propia historia. Lo que sucede después lo ignoro: está fuera de este guión, y hago por pensar que ni le quita ni le añade nada. Quizás no la conozco, quizás sueñe con otros; quizás sea otra, ella misma, al salir de aquí, y no lo querré ver ni constatar. Nunca habrán noches sucesivas, ni listas de la compra, ni hipotecas a medias, ni hijos en nuestro cuarto. Nunca habrá oportunidad ni tregua para el aburrimiento: no podrá entrar aquí porque no tendrá (no le daremos) tiempo ni ocasión.

                 Se produce un corte abrupto en forma de vida real y apresuradamente nos despedimos como amigos. Setenta minutos, los más intensos del cálido julio. Despertamos.

8 Julio 2008

Vida real (pintura al fresco)

Archivado en: General — Fer @ 6:49 pm

                  

                  De una parte del fresco, una muchacha de veintitrés años, rubia, apocada, que acude a la consulta porque sufre ataques de pánico. Su vida es un cúmulo de desgracias. Interiormente la llamo Cenicienta, rechazada como ha sido por su madre, prostituta, su padrastro, un árabe cocainómano y ludópata, y a veces por su hermana pequeña, más ubicada en la vida, aceptada -al contrario que ella- por la familia musulmana de buena posición del padre funcional. La hipótesis de mi compañera-tutora es que sus ataques son histriónicos, buscando atención, la atención que nadie le dispensó. A mí, en cambio, me produce lástima, y no soy capaz de ver con claridad lo teatral en su relato. Quiere, en un momento dado, hablar de su gato muerto, el único ser que recuerda con afecto de su infancia;  hablar de él le hace temblar el labio inferior de emoción, y asegura que aún se dirige a él por las noches, como si rezara.

                      De otro lado del fresco, un joven de sonrisa perenne, violador múltiple. No es capaz de evocar qué sentía cuando se aproximaba a sus víctimas, si era placentero, si estaba nervioso, o si sentía culpa al terminar. Su explicación, fría y nada plausible, es que buscaba que se enamoraran de él. Ni siquiera el pederasta más enconado del grupo es capaz de entender tal absurdo. Quién pretende que se enamoren de él tapando la boca a una chica y empujándola dentro del ascensor para toquetearla o pedirle una mamada. El joven tiene un esquema mental rígido y nada empático: es capaz de entender que lo que hizo “está mal” (tiene un pensamiento muy polarizado, esquemático, sin matices: bien-mal, correcto-incorrecto), pero no es apto ni de lejos para entender el temor en aquellos ojos, el llanto de después. Seguramente porque tampoco es capaz de leer en sus propias emociones. Hay otro hombre, un muchacho despierto, culto y de educación conservadora que me expresa con vergüenza que desde que tiene uso de razón disfruta de mirar sin ser visto en los baños de señoras. Recuerda su primera vez a los nueve años, junto a un hermano. Se hace más intensa su necesidad en épocas de tensión o de depresión. En las últimas ocasiones emplea cámaras de video, más sofisticado que el mero voyeurismo de mira y sal corriendo, y lo descubren. En ese outing descubre que no sólo es algo vergonzoso sino delictivo, su pequeño secreto desde la niñez, ese refugio de los malos ratos, se desparrama y su vida de repente cambia. Otro tipo, gordito y retraído, estudiante universitario, se disculpa de su “pecadillo” de mirar fotos de menores; dice que le gustan jovencitas pero no niñas, que sólo abrió unos archivos y que “la curiosidad mató al gato” (¿el gato de Cenicienta?). Le imagino horas ante su ordenador, en una habitación poco aireada, y cerrando apresuradamente las fotos prohibidas cuando su mamá le llama a cenar. 

                        En un rincón del fresco, yo, observando el cuadro, sólo en mi piso duplex, recogiendo la ropa sucia, planeando las vacaciones. Poco o nada me conmueve, salvo algún episodio de serial americano, o películas familiares, tipo comedia romántica. La vida real no me emociona, la gente en la calle me parece fea y absurda. Hay días que llego a entender a “Dexter”, el asesino vocacional. Las catástrofes se avecinarán y las contemplaré con la misma mirada impasible que aspira a parecer cálida. La palabra enfermedad resuena en algún momento como una terrible amenaza a la calma, que puede desgajar miembros del escenario. Yo, en un rincón de un fresco, observando las cosas sin emoción, esperando ese raro momento, como de sueños, en que una mujer aún más psicópata que yo me visite de noche y me vuelva casi humano.

28 Junio 2008

verano

Archivado en: General — Fer @ 1:59 am

                      

                         La tarde. Ni rastro de melancolía. Comienza el calor, intenso y desmoralizante. Los veranos siempre le han resultado una prueba a superar. Cualquier otro periodo de dos meses se le figura -como todo en la vida- breve, salvo el verano, ese largo despegue de la vida ordinaria, con deberes y necesidades no siempre sentidas, una ruptura de la regularidad que a veces ve como un abismo, como una enorme duna de arena por la que subir atenazado por un sol de justicia. Pero ni rastro de melancolía, de momento. Sólo una necesidad imperiosa de su inmediatez, de notarla cerca, de que no haya -como teme- quiebros o ausencias, de seguir sintiéndola, como la otra noche, hermosa, contigua, totalmente suya.

                       Medianoche. La espera, no llega. Revive momentos idénticos, y recuerda que es una historia que se reitera como un bucle, que le hace olvidar la otra, la bella historia. Mira una y otra vez el reloj y el móvil, alternativamente. Algo le sucedió, pero no le dijo nada. Piensa que pudo encontrar a alguien que la invitó al mismo café que debía tomar con él, y le desplazó. Piensa en alguien concreto, y siente celos. De repente echa de menos aquellas figuras de tiempos lejanos, que le escuchaban y consolaban con otorgada autoridad, que dictaban por donde marchar, cuando seguir las normas era fácil, porque constata con miedo, de nuevo, que vive sin rumbo. Renació la melancolía, cuestión de horas. Siente una controlada desesperación, unas breves ganas de estallar en silencio, y fuma.

                         Arrecia el largo verano de noches espesas, de esperas y ansias, sin respuestas.

21 Junio 2008

Eligeme (Choose me)

Archivado en: General — Fer @ 8:03 pm

                         No recuerdo con quién fui a verla, (con Carlos, Quique, o Ricardo), pero era un pelotazo de moda y supongo que a todos nos impactó. Corría el año ochenta y cuatro, los años de la inocencia, las primeras novias, la facultad, las influencias intelectuales, los grandes proyectos, y nos entró muy bien ese ambiente cool urbano, película de sello de autor y sabor indie,  que dibuja noches mágicas en la gran ciudad con neones de color reflejándose sobre asfalto mojado, música negra californiana en los momentos cumbre, y ese local con nombre propio, como los grandes locales míticos. Una protagonista de las que te enamorabas, la Warren, mujer bandeada por la vida y desencantada de los hombres, con su traje rojo con grandes hombreras al uso; un tipo austeriano algo perdido, Micky, Carradine, tremendamente magnético, con esos diálogos rápidos y quedones (”¿has estado casado alguna vez?”/”sí”/”¿y que tal te fue?”/”¿qué vez?”), de pasado turbulento y complejo, que quiere ir a Las Vegas y que es capaz de pedir matrimonio a todas las mujeres que le gustan;  y la Doctora Amor, Genevieve Bujold, psiquiatra telefónica, dando consejos sobre amor y sexo al tiempo que vive una vida solitaria. Un cocktail que recordaba como una de las películas de mi vida, personajes erráticos que se entrecruzan sobre fondo de neón y jazz. Me aficioné a Rudolph, (¿qué fue de él?), y vimos todo lo que tenía por ahí (”Bienvenidos a L.A.”, “Inquietudes”, “Los modernos”…).

                         Anoche la volví a ver, con mi hija y su novio, jóvenes de hoy. No creo que les enganchara: me parece que no ha envejecido bien, como los protagonistas, (quiero olvidar la imagen de Leslie Ann haciendo de mamá histérica en algúna película para televisión, o a Keith hace poco en “Cinco hermanos”, más gordo, calvo y con barba), como nosotros mismos. Pero esos personajes algo amargos y solitarios, pegados al teléfono fraudulento de la Bujold en busca de consejo, descubriendo el amor post-desencanto, tenían su gracia. La primera escena aún me emocionó, con el tema musical y la entrada al local de Eve plagado de chulos y putas amigos de la dueña, hasta el primer beso. Un ambiente de fondo y tema parecido al de Almodovar en “Átame” (película que también amé en su momento, de título similar, con imperativo+reflexivo): elígeme, sácame de mi equívoco y de mi soledad, sujétame, quédate conmigo, hazme creer de nuevo en los cuentos de hadas urbanos.

14 Junio 2008

Shared-time dreams

Archivado en: General — Fer @ 4:29 pm

                      Lo cierto es que pasamos la velada en aquel barco hecho para el amor. Estaba toda la tripulación: el Capitán Stubbin, sonriente como anfitrión; Julie, siempre organizadora y competente; el camarero negrata y el médico de gafitas, muy simpáticos y celestineando. También vino Pablo, el de OT, como pianista invitado, que nos dedicó una canción al quedarnos solos en el salón; Peter Griffin y su mujer vestidos de cuero, mi pajarito prófugo, y cien caballeros y damas con los pelos cardados en trajes de noche ochenteros, de aquellos con muchas hombreras. Pero yo, como podéis imaginar, sólo tenía ojos para ella. Más tarde subimos al camarote y sucedieron cosas que no se podrán emitir en horario familiar.

                      Ya de regreso, el Capitán se retrasó en atracar en puerto, y Cenicienta, que era anoche menor de edad, tuvo que bajar por la pasarela corriendo, con sus zapatos de cristal en la mano.

 

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