Calendario

               Es un tópico conocido la tendencia a hacer balance del año transcurrido ya en estos días, tópico al que de nuevo no me sustraeré. La obviedad primera a considerar: somos un poco más viejos que el año pasado. Aunque sea de modo casi impeceptible, pero puntuamos necesariamente un dígito más a la hora de nombrar nuestra edad, ese aspecto que va unido indisolublemente a nuestra identidad y nuestra historia. Y eso no es algo en absoluto trivial. Aunque queramos parapetarnos en el poder de la edad y la experiencia, o mantener acaso una actitud (a veces impostadamente) enérgica y juvenil ante la vida, cargar con una unidad más el recuento de años no ayuda a una mejor consideración pública. En el mejor de los casos, oiremos aquello de que “no se te nota” o que “estás muy bien para tu edad”. Pero para muchos, cumplir años es un gradiente de minusvalía social, un bono para la tribuna de los invisibles y de los que son tenidos menos en cuenta. Entre todos lo hemos hecho así, ponderando la juventud y la belleza por encima de la sabiduría y los logros, de modo que hay que apechugar con lo que esto conlleva, aunque joda.

             La segunda evidencia, y esto ya no es culpa nuestra, es que estamos algo más desesperanzados. Algunos desalmados (porque de todo esto hay responsables) han sembrado el panorama de pesimismo y abatimiento. Es fácil ver este toro desde la barrera del que cuenta con un buen empleo, aburrido pero seguro, y no tiene que preocuparse de momento por su porvenir profesional. Me rodea gente que sí, que vive ese desánimo, gente joven y sobradamente preparada, que no encuentran su primer empleo o pierden su trabajo, o gente más mayor que se enfrenta al temor de lo qué sucederá. Hay un contagio colectivo de falta de fé, de barreras que parecen infranqueables, de proyectos que se van quedando en la cuneta. Tengo hijos que se enfrentarán a eso en pocos años, si algo no cambia, y mucho. Y de momento no hay respuestas, más que la de confiar en la buena estrella individual, o tomar decisiones arriesgadas y antes impensables. Ojalá que el año próximo podamos ver otro color de cosas, un camino abierto a la ilusión para todos los que lo desean y merecen.

             En lo personal, el capítulo de este año termina casi en el mismo punto que el anterior. Cambios leves que no varían lo sustancial, para bien y para mal: mismas devociones, mismas carencias, mismas obsesiones. Veo la botella tan llena como vacía, y eso no me hace un pesimista incurable (o sí, pero creo que el pesimista es un realista sabio, acaso un optimista mejor informado). Termino el año sin un colorín ni un colorado, sin perdices que comer en la despensa, sin polvitos mágicos entre edredones para volar hasta Nunca Jamás en noches de crudo invierno. Razonablemente seguro, razonablemente feliz, razonablemente agradecido.

                    Suena una música embriagadora a unos metros de mí. Seguimos aún en la pista de baile. Seguimos esperanzados, seguimos curiosos, seguimos despiertos…

                (Mis mejores deseos para todos en este “apocalíptico” 2012. May the force be with all of you!)

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Una Respuesta a Calendario

  1. coeliquore dijo:

    Llevo varios días dándole vueltas a un post en el que también hago balance y donde no me decido a calificar el año que hoy acaba. Leo el tuyo y me resulta sorprendente lo que dos personas que no se conocen pueden tener en común: opiniones, sensaciones, sentimientos.
    ¡Feliz 2012 y que la fuerza te acompañe a tí también!

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