Cuando la respiración de ambos empezó a agitarse, y escalaban desenfrenados el siguiente peldaño del furtivo encuentro, la previno lacónicamente, entre beso y beso:
-Te lo advierto. Mi semen es ácido puro.
Ella rió a carcajadas secas, mientras se dejaba deshacer por sus dedos hambrientos. Más tarde, ya desnuda, entregada por completo a la pasión con aquel hombre extraño, y tras sentir un calor progresivo que la colmaba por dentro, experimentó, de una parte, el desbocado placer más extrañamente intenso de toda su vida, y de la otra, quemaduras de primer grado en el interior de su sexo. Se encontraba aún gritando, sofocada y presa de un ataque de espanto y dolor, cuando él huyó de la casa a medio vestir, dejando sobre la mesilla los restos calcinados de un preservativo.
A veces el fuego en el cuerpo deja los corazones ( de arriba y de abajo) hechos ceniza.
El que avisa no es traidor, o casi. Pero oímos lo que queremos oír, y lo demás no importa…hasta que
es demasiado tarde.
Pd: me ha puesto los pelos de punta.
Me alegra que te haya gustado este (extraño) divertimento/microcuento, Coeliquore. Tenía dudas de que le pudiera gustar a alguien. Casi diría que le has encontrado más sentido que yo mismo al escribirlo. Esa es la magia de los relatos: que tienen vida propia a pesar de y más allá de su propio autor. Y se vuelven a crear cada vez que alguien los lee.
magia, terror, imaginación y esa extraña mezcla de incertidumbre y valor a la hora de darle al botón de publicar. una genialidad, Fer. como (casi) todo lo que aquí se lee.
No sé por qué os maravilla esta narración breve: A mí eso del semen sulfúrico me pasa frecuentemente (eso si, cuando estoy con prostatitis).
¡Que grande que eres, Germánico!
¡Qué sorpresa, mi Gran Hermano Scipio Africanus! Jajaja! Cuidado con ese semen sulfúrico, a ver qué destrozas vas a causar por ahí… Bienvenido al blog este, perdido y náufrago. Yo creo que ya nadie entra por aquí, así que te puedes considerar único una vez más…