“Agorero” se define como el que predice o anuncia con poco fundamento males o desdichas. No sé si con fundamento o no, pero parece que algunos norteamericanos agoreros y voces diversas en la red están empeñados en anunciar el fin del mundo para diciembre del 2012, o sea, de aquí a nada. Qué pena, ahora que había descubierto el secreto de la eterna juventud y estaba dispuesto a vivir doscientos años comiendo diariamente unas bayas mágicas importadas directamente de Shangri-La. Ya nos lo decían los mayas y Nostradamus, ese hombre que sabía tanto de desgracias futuras: el mundo se acaba y nos queda un telediario. Según la última película de Emmerich, experto en catástrofes de las que solo se salvan cuatro gatos, el evento se producirá de forma espectacular, con todo tipo de fuegos y piedras candentes volando por los aires, y el suelo derrumbándose a nuestros pasos. O sea, algo que realmente molaría ver, toda una atracción de parque temático, si no fuera porque lo más seguro es que no tendríamos la inmensa coña de John Cusack y su prole en la peli de librarse de todo mal con la destreza de un Luke Skywalker atacando la Estrella de la Muerte, y seguramente acabaríamos espachurrados en el primer minuto del catastrófico y trascendental suceso.
Vi la película el domingo por la tarde -nada como inundarse de pensamientos alegres la tarde dominical-, y fueron dos horas y media de padecimientos que coronan con el despertar de una nueva era, hermosamente yanqui. Al llegar a casa con ese mal cuerpo, me entretuve en indagar de dónde había salido esta certeza que parece que tienen unos cuántos. Algunas páginas web fundamentan los trágicos vaticinios con datos supuestamente científicos (el sistema solar, que está que se cae; la corteza solar, que está que arde; el eje de gravedad terrestre, que se queda estrábico…); luego están los mileniaristas clásicos, los adventistas del Séptimo Día, los testigos de Jehováh, los ecologistas más dramáticos, y algún interesado más -algo de negocio tiene que haber detrás- en meternos un potente canguelo a la gente en el cuerpo, para vendernos refugios anti-final, o para que nos arrepintamos y recemos.
Qué mal rollo. Si esto es así, no llegaré a recoger la medalla de los veinticinco años del curro, no acabaré de pagar el piso, ni iré a la boda de mis amigos solteros. No quedará zanjado el tema de la crisis, ni sabremos si al final llegaba la cosa o no para cobrar las pensiones, ni habrá un Gran Hermano-Quince, ni veremos terminado el Parque Central. Aunque no sé si alguno de estos sucesos me interesa demasiado como para pedir seriamente una prórroga del fin del mundo.
Así que para quitarme el desasosiego, la siguiente película que escogí para casa fue una comedia que había evitado por tenerla asociada equívocamente a las del estilo Supersalidos o Superfumados: “¿Hacemos una porno?” de Kevin Smith. A mi este hombre en general me hace gracia, con sus largas conversaciones sobre pollas y mamadas, sus treintañeros en crisis sin oficio ni beneficio, y esa pareja tan de cómic que son Jay y Bob, el silencioso. Me sentí solidario con los personajes, y me enterneció la capacidad de hacer surgir una historia de amor de un grupo tan dispar y friki. Y es que el porno es algo muy de todos, familiar y entrañable, y el amor puede surgir donde, cuando y con quien menos te lo esperas.
Creo que si se supiera ya con certeza que realmente va a ocurrir, y que esto va a reventar en diciembre de 2012, aparte de la indudable ventaja de ahorrarnos ese año la preocupación de las compras navideñas y de tener que decidir qué hacer esa nochevieja, habría que ir pensando en la mejor forma de pasar los días postreros. A mí particularmente -que no decaiga la ilusión- aún me gustaría enamorarme una vez más, en medio de los estertores de ese mundo zozobrante, de las olas kilométricas y la lava disparada por los aires. Invitar a la dama a ver el romántico apocalipsis desde mi terraza, que tiene buenas vistas, como si fuera un último castillo de Bronchú. Y si el tiempo lo permite y el armagedón no lo impide, acabar rodando, entre susto y susto, una estupenda peli de porno casero.

La pelicula “2012″ la he visto anunciar en el cine cada vez que he ido a ver cualquier otra, le están dando mucho boom, pero es que a mí ese tipo de pelis me parecen muy heavys. ¿El fin de mundo? mejor no saber qué día será, ni cómo será, ¿para qué?
Lo mejor que puedes hacer (algo que tú has dicho) es enamorarte, porque cuando uno está enamorado el tiempo se para, pero no se acaba.
Opto mejor por tu segunda peli del día, mucho más divertida.
Muasets.
en el fin del mundo hay porno
en el 2012 es el fin del mundo
yo creo que noes cierto que en el 2012 no es el fin del mundo