Mutatis mutandis

Un hilo invisible

Publicado en Libros por Fer en 20 Junio 2009

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                         Una vez que se sintió mejor, se levantó y, cojeando sin recatarse como hacía cuando estaba sola, fue al cuarto oscuro. Cogió una de las cajas que había en el segundo estante, en la que ponía con tinta indeleble “Instantáneas”, volcó su contenido en la mesa, esparció las fotos con los dedos -algunas estaban pegadas- y las revisó hasta encontrar  la que buscaba. La observó largo rato. Ambos eran jóvenes. Él tenía la cabeza inclinada y no se le veía bien la cara, resutaba difícil de verificar el parecido. Había pasado mucho tiempo, quizá demasiado.

                        Aquella imagen trajo otras a su mente, y con ellas la sensación de que cobraban vida, movimiento, sonido… Y la invadió una nostalgia desgarradora, aunque agradable. Si hubiera podido elegir un momento para volver a empezar, habría sido ese: él y ella en una habitación silenciosa, en una intimidad de almas tímidas pero gemelas. (…)

                         Por primera vez sintió que la inmensa distancia que los separaba era insignificante. Estaba convencida de que él seguía en el mismo sitio, donde ya le había escrito algunas veces muchos años atrás. Si se hubiera casado, ella lo habría percibido de algún modo. Porque estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían.

                        Tentó bajo el montón de fotos y encontró un bolígrafo. Se sentó y escribió con cuidado de no correr la tinta, y al final sopló para secarla. Buscó un sobre, metió la foto y lo cerró.

                          Quizá venga, pensó.

                          Una sensación de gozo se apoderó de su ser y le arrancó una sonrisa; era como si todo recomenzara en ese momento.

PAOLO GIORDANO – “La soledad de los números primos”

Una respuesta

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  1. numero primo said, on 21 Junio 2009 at 11:23 am

    No sé si ayer sentiste como tiraba de ese hilo tan fino… tiré con todas mis fuerzas para que me sintieses, pero con cuidado para no romperlo… no tuve señal… Luego recordé lo que te aburren estas historias de platonismos absurdos, sin piel ni carne… “Te gustan demasiado los amores en la distancia con desgarros trágicos…” o algo así me dijiste… No es verdad. ¿O si?


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