Mutatis mutandis

Matrimonio chic

Publicado en Divagando por Fer en 5 Junio 2009

                        BarbieyKen                                                   

                Como no había otra cosa que amaran ambos más que su propio palmito y su cuidada imagen, se propusieron hacer un pacto con el Diablo, ese dios poderoso y maléfico:

                         -Oh, Señor de las Tinieblas, conserva eternos nuestra juventud y nuestra belleza de forma artificiosa y malvada, y nos entregaremos a ti de la manera que más te plazca. Te serviremos siempre.

                          El Diablo, que ese día tenía el aspecto de Bill Murray y se encontraba sentado frente a la pareja en un sillón orejero de piel marrón, con las piernas cruzadas y un elegante traje gris marengo, se sonrió y les dijo:

                          -Deberéis pasar toda la vida juntos. No os separaréis nunca.

                          Se miraron asintiendo, y aceptaron sin dudar.                          

                          Y así sucedió. Cuando  ya las grietas asomaban en la piel de sus coetáneas, las rugosidades y pliegues tomaban al asalto sus cuerpos y rostros, cuando la gravedad arrastraba hacia el fondo de la tierra, cruel e inexorablemente, las tetas y nalgas de sus compañeras, Ella se mantenía inexplicablemente escultural, fresca y joven. Y cuando año tras año las barrigas,  bolsas, ojeras, papadas, canas, calvas, impotencia y dolores de lumbago huellaban el ánimo y el gesto de todos sus amigos y vecinos varones, Él seguía sosteniendo el formidable aspecto de un joven rebelde, simpático y melenudo, desplegando encanto y disfrutando con burla de su absoluta victoria sobre la decrepitud que asolaba a todos los humanos a su alrededor. 

                          Sólo cuando tenían que marchar juntos en su automóvil se oscurecía el aura de su triunfo. Cada día, al final de sus jornadas, en la soledad de dos, sin apenas nada que decirse, contemplaban uno frente al otro sus cuerpos y rostros, bellos e impecables, con absoluta indiferencia, y recordaban su pacto y su condena.

                          Y el Diablo, escondido en un rincón, los miraba y se reía.

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