Nos espiamos, husmeamos,
nos buscamos.
No hablamos: nos pensamos

No tocamos estos cuerpos,
ni descargamos
nuestro deseo sobre esa piel.
Rodeamos el aire donde habita el otro,
le vigilamos.
Quizá lo preferimos así, porque
sea más perfecto
que lo encarnado, defectuoso y tan real
Quizá seamos sólo un par de estúpidos.
Desconocemos en qué habitáculo
se esconde el otro, tras qué columna
Desconocemos su miedo, su última
lágrima, su intención de hoy día;
hace tanto que no cruzamos
palabra y mirada.
Pero nos presentimos.
Te presiento,
y te extraño.
Tanto.
deja un comentario