Mutatis mutandis

Más de psicólogos

Publicado en General por Fer en 9 Febrero 2009

cabezademusculo    

                         El otro día me encontraba en el gimnasio (yo también voy a veces, lo confieso, aunque pago más de lo que lo rentabilizo) y me entretengo allí a veces escuchando retazos de conversaciones de los mega-machos del lugar, para reafirmarme, una vez más, en mi tesis de que si Dios tuviera en mente repetir aquello que se le ocurrió hacer con Sodoma con nosotros, sin ir más lejos, no encontraría ni a diez tipos que valieran un poco la pena en toda la city.

                       El caso es que dos estaban hablando, para variar, de tías, y una en concreto parecía ser el objetivo de la conversación. Una que, diría yo como hipótesis, se encontraba absorta y ajena en la cinta de correr,  haciendo millas como una posesa, porque miraban de reojillo en aquella dirección. Ambos sujetos eran de edad imprecisa, entre los veintimuchos y los treintaipocos, cachas y bronceados, magros y nervudos, dispuestos para la acción, desenvueltos y expansivos en sus expresiones inequívocamente masculinas -como el soberano y el varon dandy-, y por sus risotadas francas y abiertas de satisfacción de ser los dueños del mundo conocido. Hablaban de que era una tía algo especial, seguramente en términos de conquista, por la sonrisa maléfica y ladeada del que parecía ser el más interesado en la presa. De vez en cuando la conversación se volvía poco inteligible porque mantenían cierta confidencialidad y bajaban el tono de voz.  Lo que me llamó la atención fue cuando este sujeto dijo algo que sostuvo en voz claramente audible: “yo tengo bastante idea de lo que le pasa a esta tía, porque soy psicólogo, no sé si te lo he dicho, he sacado el título hace poco…”. La conversación seguía, pero había terminado mis ejercicios en esa zona y me fui a correr a la cinta, para acabar reventado una vez más.

                         La anécdota me hace pensar en esta profesión extraña en la que por gracia de una titulación a base de exámenes tipo-test uno queda ungido y sancionado por los poderes sociales para ser “el que sabe de las personas”, el experto en todo lo humano y el solucionador por excelencia de las problemáticas emocionales. Sé que peco de prejuicioso, que no conozco al tipo en cuestión, que lo juzgo por elementos superficiales, y que quizá esté más cualificado que yo o cualquiera de los que considero “buenos psicólogos”, pero (y este es el privilegio de la subjetividad, de que este es mi blog, y opino y escribo lo que me sale del higadillo) si alguna vez tengo que recurrir a un profesional de la psicología y me encuentro tras la mesa un sujeto así me daría un telele. La profesión se debería de nutrir de gente madura, gurús de sabiduría, ejemplos de honestidad y de vida, orejas vivientes, empáticos hasta la médula, serenos, centrados, gente cuyo consejo valioso y orientación racional fuera un punto de apoyo, y no de vividores y espabilados, fanfarrones que en nada se diferencien del resto, metidos en los mismos valores vacuos, que usen las tretas y artimañas aprendidas en clase para el ligoteo de fin de semana y meterse entre las piernas a la chica codiciada.

                          Aunque, claro está, todo esto es más que discutible. Pero me apetecía decirlo, qué coño.

Una respuesta

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  1. El amigo de Thomas Bernhard said, on 11 Febrero 2009 at 12:22 pm

    Eso, eso, dale duro a esos niñatos de pacotilla. Seguro que si, en vez de decir esa frase, la tuviera que escribir, quedaría algo así como: llo tengo vastante idea de lo que le pasa a esta tia, porque soy psicologo, no se si te lo e dicho, e sacado el título ace poco…”. Y la “chica codiciada” le respondería: “que vueno que te encontre en el jimnasio y que me miraste con esos hojiyos berdes”. Ahora sí: el chico tenía una sonrisa espectacular y la chica estaba de buena que te cagas. Tal vez los dos estén pensando en hacer un máster. ¿Qué diría Thomas Bernhard si levantara la cabeza?


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