Barbie Malibú
Era un local de decoración barroca, con unas largas telas de seda negra colgando de la fachada, paredes blancas en el interior repletas de espejos con marcos recargados, y una enorme lámpara central que caía tan baja que casi se podía tocar. En los espejos traté de mirarme pero no pude, ya que mi reflejo había desaparecido. Al penetrar en el vestíbulo flanqueado por falsos cuadros de Rubens, tras pagar la entrada que incluía copa, todos nos habíamos convertido en vampiros.
Al poco, entró un grupo de jóvenes bien vestidos, cuatro mujeres y tres hombres. Todas tenían un notable atractivo fashion, pero ella despedía un brillo especial del que era claramente consciente. Rubia, estilizada, con larga melena ondulada, pupilas verdes luminosas y sonrisa perenne. Se rodeaba de su pequeña corte gay que bromeaban y bailaban con ella. A todas luces, se sentía protagonista y espléndida, y disfrutaba eclipsando a sus amigas, con las que apenas intercambiaba palabras. Lanzaba miradas a ráfagas, pequeños halagos a los vampiros expectantes, pero no se quedaba en los ojos de nadie. En esa contemplación de la divina, su grupo y sus vínculos, permanecí durante dos whiskys con ginger ale, reflexionando sobre el implacable aunque efímero poder de la belleza.
Más tarde se produjo la anécdota, irrelevante, y con ella la oportunidad. Conseguí para mi sorpresa, sin demasiado esfuerzo, captar su atención, desarrollando mi personaje de esa noche, que sin duda no era yo. Los colmillos recién nacidos estimularon mis sentidos depredadores, y la estrategia fluyó con facilidad. Se trataba de encajar a toda costa en su estilo burbujeante, evitar aburrirla con sentimientos o cultura, y ubicar los temas en la zona de absoluta superficialidad y fresco entretenimiento. Hablamos del Gran Hermano, de perfumes, de los cuarenta principales, de locales de moda; fui pomposo con disimulo hablando de un trabajo inventado y de un nivel de vida falsamente hinchado, tretas que, con un disfraz de modestia, creyó. Porque, afortunadamente para un vampiro viejo, Barbie Malibú era hermosa pero abiertamente estúpida, una pija de colegio de pago reconvertida en diosa de la noche, princesa de un pequeño reino de plumíferos y arpías. Finalmente, después de una hora de artificio, conseguí su teléfono.
Estoy preparado, y sé que sucederá. La llamaré, me responderá, será todo tan fácil… Ya disfruto las caras de envidia de mis amigos cuando me vean paseando con ella por el barrio. He gastado buena parte de mis ahorros con una colección de polos de Lacoste de todos los colores, tres camisas de Ralph Laurent y un par de trajes de Armani, y tengo pensado ampliar mi hipoteca para hacerme ese descapotable que tanto le gusta. Enterré en un baúl a Neruda, Kafka, Millás, Murakami y los últimos sesudos nórdicos; a cambio, he comprado ráudo el Cosmopolitan, “Los pilares de la Tierra”, “El código Da Vinci”, y empezado a leer “El alquimista”.
Desde ese sábado gozo como nunca ante el futuro tontorrón que me espera con mi exhuberante novia de plástico.

LLévate cuidado, que cuando se quite los tacones, las bragas con posaderas,las tetas de relleno, las uñas de esmalte postizo, las pestañas de cabello de búfala, y la peluca de nylon, es posible que te arrepientas de haber quemado tu biblioteca y especialmente, tu cuenta corriente.! Si sabre yo de eso!