Mutatis mutandis

Una boda en el campo

Publicado en Cine, Divagando, General por Fer en 29 Octubre 2009

Dos hermanos de cuarenta y tantos que se reencuentran, y viajan juntos de camino a la boda de una antigua amiga. Es la cuarta boda (un abogado inmaduro, un músico autodestructivo y un ingeniero prepotente antes del actual) de la novia,  una mujer  extrañamente adicta al matrimonio que, a pesar de la legión de hombres que se le conoce o atribuye, mantiene un aspecto virginal de eterna inocencia, y voz angelical y aniñada de no haber roto nunca un plato. Cuenta ella también en su historial de ceremonias con un funeral, ya que uno de los maridos, el músico, desafortunadamente consiguió autodestruírse hace pocos años.

Han instalado varias carpas cubriendo una larga mesa para veinte personas cerca de la casa color lila que gobierna el  vasto terreno vallado, anejo a una dehesa al pie de unas colinas, donde pastan apacibles siete yeguas. Los hermanos intercambian saludos al llegar con invitados y viejos conocidos, y todos encuentran más joven al mayor de los dos, con su tez tan morena y abundante cabellera que oscureció con tinte vegetal. Se sitúan en los sitios preseleccionados por la novia en la mesa, junto a un divertido grupo de artistas de Madrid. Una mujer con nombre de ópera, inquieta y delgada,  de ojos almendrados y boca enorme y sensual, capta de inmediato la atención de ambos. El menor de los hermanos tratará infructuosamente de encontrar algún tema de conversación para conectar con ella, el mayor pasará buena parte de la noche mirándole el culo.

La tarde recuerda una película de Rohmer, con el crepúsculo dorando el perfil del horizonte, y largas y cadenciosas conversaciones entre nuevos conocidos, estimuladas por el alcohol y una pipa árabe con marihuana que casi no descansa. Está también en la boda un ex amante de la novia con cierto aire a John Malkovich,  que no goza de la simpatía de varios de los invitados. Ha venido con una rubia de reciente adquisición, bastante más joven que él, que no se le despega. Una de las invitadas confiesa melancólica a uno de los protagonistas en un aparte que ya no ama a su marido, que se encuentra allí a pocos metros de la conversación,  pero que no sería buena idea abandonarle. Todo el mundo habla demasiado bien del novio, afable y atento en extremo, al que consideran la perfecta y definitiva elección para ella. Alguien comenta más tarde que le resultaría sospechoso y molesto que todos hablaran demasiado bien de él mismo:  en las películas, el bondadoso indiscutible, el héroe ingenuo,  tarde o temprano suele ser el cornudo o  la víctima del destino.

De pronto, una de las yeguas entra por equivocación en el terreno, y las demás le siguen. Tratan durante un buen rato, inútilmente, encontrar de nuevo la salida, por lo que corren al galope en círculo, rodeando la casa violeta y el conjunto desordenado ya de mesas y sombrillas. Los invitados contemplan en silencio, encantados, el inesperado espectáculo, y puede que sonara entonces por el fondo música de Vangelis o de Morricone. Poco más tarde, y de un salto, la escena pasa a un inquietante bar neolítico, adornado con inertes pájaros de piedra metidos en jaulas y figuras talladas en trozos de tronco, donde tocará el grupo de blues local hasta el final de la noche.

Regresan muy entrada la madrugada. En el camino de vuelta, los dos hermanos hablan y hablan, porque hay muchas cosas que contarse. Sobre la vida, sobre el amor, sobre lo que hicieron y lo que se perdieron. Es tan extraña la vida, a veces. Como en una película.

Cartas que alguien escribió

Publicado en Divagando, General, Intimo y personal por Fer en 30 Septiembre 2009

cartas

Estos días estoy pasando bastante rato cara al correo electrónico. No por nada especial: he hecho una unificación de mis cuentas en una sola de gmail, más capaz en general, de forma que no tenga que abrir varias veces al día las distintas cuentas que he ido creando para satisfacer a mis otros tantos “yos” (el profesional, el público, el social, el íntimo, el oscuro…). Así que de repente se han ido vertiendo en esta nueva cuenta como ríos desbordados  miles de mensajes procedentes de las otras, desde el ya lejano 2004, y aparecían como mensajes nuevos, sin abrir, como pequeñas cajitas de regalo sugerentes y familiares que pedían que pincharas sobre ellas para verificar el recuerdo que encerraban. Sí, tengo un placer morboso por la evocación, y eso que sé que el pasado no existe, no es más que humo que amarillea algunas de nuestras conexiones mentales y experiencias sin importancia que morirán con nosotros. He redescubierto a personas que desaparecieron, pero que un tiempo estuvieron ahí, que tuvieron su peso y su momento, gente con la que conecté, situaciones que fueron placenteras, cartas, fotos, textos, proyectos de cita, he revisitado mis planes y viajes de esos años atrás, las ansiedades e ilusiones que ya se vivieron. Y he visto también esas cosas que no cambian, de mí y de otros:  me he visto en un lugar parecido al que ocupaba. Es algo descorazonador ver que no avanzas. Puede que las personas no cambiemos, ni aprendamos de la experiencia.

También he revisado posts de este blog que no sé porqué se tiene aún en pie. Antes escribía diferente, creo que mejor. Más personal, más atormentado y más pletórico. Más intenso y doloroso, como un diario abierto de piernas. Y claro, cuando un diario se abre de piernas, es probable que acabe violado y con escozor en sus partes más íntimas.

Pero es que antes me sentía protagonista de una historia de amor, y a veces creo que lo era.

Varias veces he cerrado el blog, por hastío de mí mismo, y otras tantas lo he reabierto, con la fé de que algo bueno sucedería. La fé es lo que nos mantiene, o al menos la curiosidad. Una vez oí decir a alguien que, ante el evidente absurdo de la existencia, el mejor antídoto contra el suicidio es la curiosidad.

Cartas, escritos, de personas a personas, sobre emociones. Historias, recuerdos. Caras, letras. Textos, frases, palabras, monemas, lexemas, morfemas y fonemas. Letras y más letras, signos, agrupaciones ordenadas de puntos adoptando formas sinuosas con vagos significados sobre una pantalla parpadeante. Aire, humo, nada.

Hazte cargo de mí

Publicado en General por Fer en 22 Septiembre 2009

El hecho de llevar bastante tiempo en una misma situación vital te deforma y te hace perder la perspectiva. Para el casado de largo recorrido, el maratoniano del matrimonio, la inercia de comodidad con su estatus parental le dificulta ponerse en otra perspectiva, aunque acaricie las mieles de la soltería de forma vicaria al ver a sus amigos singles,  y envidie en momentos puntuales una libertad que ya ha olvidado. Yo, que llevo tanto tiempo separado como viví de casado, y que he simetrizado ambos periodos y de ambos puedo hablar con igual conocimiento de causa, experimento a veces una recaída en el antiguo vicio de depender, que me reclama desde mis entrañas más ocultas, desde mis aprendizajes culturales más primitivos, y siento una artificiosa y malvada melancolía de la vida de pareja. Y es que la memoria, que tiene el perverso hábito de eliminar los momentos más odiosos de la convivencia de forma natural, te devuelve a veces como agradables periodos de claroscuro, saltándose a la torera los domingos de tedio, las paellas de la suegra, las discusiones vacacionales, las voces de mando, los reproches velados, las guerras de autoestima, los polvos mediocres y la dejadez general, y te deja sobre la mesa cuatro fotos estupendas de pasado, esas que, si te pilla blandengue, te hacen soltar la lagrimita.

En esa deriva ansiosa, a veces me pongo el chip de hombre-rehaciendo-su-vida, e inicio cosas de las que luego me puedo arrepentir. Porque el egocentrismo, cuando se manifiesta, es como un pene crecido y violento aprisionado en la bragueta al que es difícil ignorar como si no existiera o acallar como si tal cosa. Mi egocentrismo me impide involucrarme con una mujer mucho más allá de unas charlas atentas, una cena romántica, o un intercambio cariñoso de fluidos, porque he perdido el hábito de depender. Podría verse desde fuera como una ganancia: yo lo considero atrofia emocional. El caso es que, si bien los momentos de abrazo en sofá dominical o la idea de planificar en compañía un viaje de fin de semana a la Manga me resultan a veces estimulantes y nostálgicamente deseables, me aterroriza la idea de hacerme cargo de alguien. Ya sé que esto rechinará a algunos/as, y que me podréis decir que qué mente tan atravesada, que compartir no es eso, que vaya idea de la relación de pareja, que si la complicidad, y tal, y cual. Pero en definitiva, la continuidad en una relación, tras los primeros momentos de calentón y ceguera sentimental, va a significar tarde o temprano hacerse cargo. De sus dificultades laborales, de su frustración vocacional, del suspenso en la oposición, de los problemas con sus hijos, de sus cabreos con su padre, de sus mermados ingresos, de los disgustos con sus “ex”, de sus días difíciles, de su enfermedad, de su depresión. A cambio y en compensación, se hacen cargo de los tuyos. Supongo que en eso consiste amar. También te haces cargo de sus alegrías, de sus ilusiones, de sus éxitos. Pero a un atrofiado emocional, un egocéntrico, un acomodado, ¿eso le compensa?.

Entretanto, mis padres, en el umbral de celebrar dignamente sus cincuenta años de matrimonio. Los veré emocionado decirse un nuevo”sí” en el altar, les cantaré y me regocijaré con ellos de esa larga vida de pareja y convivencia armónica. Así que esta fobia a hacer mía la vida y las necesidades de otra persona no me viene de familia, sino de la experiencia y de la racionalidad deformada. Vislumbro un futuro en el que envejezco solo, quizá con algún paréntesis de recaída en la convivencia. Y la verdad, no es una perspectiva que me parezca tan escalofriante. Si soy honesto conmigo mismo, la imagen de los ancianos paseando cogidos del brazo me conmueve para otros, no para mí.

Así pues, lo siento, mamá; nadie se hará cargo de mí, porque yo no me voy a hacer cargo de nadie. En lugar de ser como vosotros, un fenómeno casi de Guinness, una pareja que llega al final compartiendo un único camino, creo que seré un anciano solitario, de aspecto amable pero un cabrón egoísta en el fondo, que echará de menos por momentos el haber gozado de la compañía que le hubiera brindado vencer sus terrores. Confío, sin embargo,  en poder acompañar esas tardes crepusculares con el calor a mis pies de un perrazo bonachón, la hermosa vista del mar en invierno, algún buen amigo con quien tomar copas nostálgicas, y un saxo que se deje arrebatar hermosas melodías de jazz.

No hay nada mejor en el mundo que tener una banda de rock’n'roll

Publicado en Música por Fer en 8 Septiembre 2009

Sí, sí

Lo estás haciendo mal al dejarme pasar,
lo estás haciendo mal y yo sé lo que va a pasar.
Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte
hasta que digas sí, hasta que digas sí,
hasta que digas sí, sí, sí, hasta que digas sí.

Mírame el ojo derecho, niña, y dime que ves en él,
seguro que hay ansia y fuego, muchas pagarían por él.
El día más claro pronto llegará,
ajústate los pantalones y vamos a bailar,
y dime sí, por favor, dime sí,
por favor, dime sí, por favor, dime sí.

Lo estás haciendo mal al dejarme pasar…

La taza rota

Publicado en General, Intimo y personal por Fer en 4 Septiembre 2009

           

             -¿Harías una cosa por mí?- le preguntó ella, y sonreía con malicia.- Una cosa pequeñita.

            -Qué cosa, a ver – y el la mira, algo condescendiente y paternal, porque advierte en sus ojos un brillo de niña traviesa que ya conoce.

            -Róbalas. Las dos tazas. Me gustan mucho.

            -No. Ni de coña. Me muero de vergüenza si me pillan. –y fuerza algo el gesto serio, aunque le divierten esas cosas. Le revitalizan sus ocurrencias, se siente más joven y más loco. La última vez que le propuso algo en un bar acabaron haciendo el amor en los servicios.

            -Va… porfa…- le ruega ella poniendo morritos, y comoquiera que él cabecea, ella insiste.- Una prueba de amor. Quiero ver si eres capaz. ¿Qué más da? Ni se van a dar cuenta. Son super bonitas. Así tendremos nuestras tazas de café especiales en tu casa, para cuando vaya yo…

            Las tazas son sencillas, alargadas y altas, con una inscripción grabada de “Café Brasilia”, y un asa pequeña y circular.  Son las cuatro de la tarde, y se encuentran solos en la cafetería de un centro comercial. Al poco, cada uno volverá a su trabajo. El camarero se encuentra en la barra, despistado y aburrido. Él cambia de tema, demasiado timorato y convencional para acceder a su demanda. Finalmente, tras pagar la cuenta, ella las envuelve en una servilleta de papel y las mete en su bolso. Al despedirse, se las entrega, y al llegar a su casa, ilusionado con su uso  futuro, las deposita cuidadosamente en dos colgadores sobrantes de un juego de café comprado en los chinos.           

             Me contó la anécdota, sucedida dos años atrás, cuando la otra noche se le cayó accidentalmente el juego mientras cocinaba, y de entre todas, únicamente se partió una de esas tazas en dos pedazos. Me hablaba del poder evocador de los objetos, que imponen a veces con urgencia aldabonazos a las puertas de la memoria,  resucitan pequeños recuerdos que parecían archivados bajo los montones de inquietudes cotidianas, de los nuevos planes y pretextos. La taza se rompió, dejando a la otra viuda, solitaria. Y él, que se encuentra últimamente predispuesto a encontrar significados en las cosas más nimias, pensó que el pequeño incidente le hablaba de algo, algo que se había partido también en su vida, definitivamente, sin reparación posible.

Parecidos razonables

Publicado en Cine por Fer en 25 Agosto 2009

castro_gonzaloimagenRecorte.php

                   El caso es que mi confusión dio para un rato de agitada discusión en la playa de Cabanas, al lado de Pontedeume. Yo sostenía que el rostro serio y pusilánime del personaje principal de la serie “Doctor Mateo” correspondía al famoso actor catalán Juanjo Puigcorbé (el de la segunda foto, caracterizado para la película “La conjura”). Mi amiga M. se mantuvo en sus trece de que el tal Mateo estaba interpretado por el Gonzalo de la serie “Siete Vidas”, (Gonzalo de Castro, en la primera foto) que yo no he seguido. Sin embargo, sí me proclamaba seguidor de la serie susodicha, y estaba completamente convencido del protagonismo de Puigcorbé, que mantuve hasta el final con vehemente convicción. Internet me ha puesto de manifiesto mi error. La realidad subjetiva se construye a veces férreamente en errores de percepción: en mi memoria, la cara del doctor Mateo, el que se ligaba a Natalia Verbeke, era la de J.P. Lo juré y lo perjuré, y me equivoqué. Pero… ¿a que se dan un aire?.

                       Así que, amiga Paraqueloleas, has ganado la apuesta, y te debo una cena. Modestita, que estamos en plena cuesta post-vacacional…

Frases de película

Publicado en Cine por Fer en 16 Agosto 2009

                            ”-¿Porqué has hecho eso?enemigospublicos

                             -Porque ahora estás conmigo.

                             -Pero es que… no sé nada de ti…

                       -Me crié en una granja en Mooresville, Indiana. Mi madre murió cuando tenía tres años. Mi padre me daba palizas porque no conocía otra forma de educarme. Me gusta el béisbol, el cine, la ropa buena, los coches rápidos, el whisky… y tú. ¿Qué más necesitas saber?”.

John Dillinger (Johny Depp) en “Enemigos Públicos” (2009)

 

*     *     *     *     *

 

conejo OK     “Te voy a explicar algo sobre los hombres. Hay tres clases de hombres: los que no hacen nada, los excavadores y los picadores. Los que no hacen nada quieren que tú estés quieta tirada ahí abajo mientras ellos tienen una selva en los huevos. Son los que quieren una mamada todas las noches para dormir como angelitos. Pero tienen una ventaja: son inofensivos para las mujeres. Luego están los excavadores. El excavador se comporta ahí abajo como una ama de casa en rebajas buscando una ganga. No son peligrosos, pero son un fastidio, porque están todo el rato mirando a ver qué es lo que haces para saber si te está gustando. Buscan el aplauso, más o menos así (imita a un perrillo con las patas en alto y la lengua fuera): “¿Sigo? ¿Lo hago bien?”… Y ahora el último: el picador. El picador cree que es un genio, porque el picador, a diferencia de los otros, es el único que encuentra el clítoris. Y empieza, dale que te pego, que se acaba el mundo, y pica, y pica en la mujer como si fuera un poseso. ¿Los hombres pensáis que las mujeres queremos jugar a “atrapa mi clítoris”? Si la mujer levanta la pelvis… eso es bueno, ¿entiendes?, pero si notas que aparta la pelvis, es que no lo haces bien. Lo que es importante es que jamás, ¿lo oyes?, jamás, lo espachurres.

                           Si los hombres supieran esto, no tendrían ni que ser simpáticos.”

Myriam en “Un conejo sin orejas” (2009)

Cuento estival y urbanita

Publicado en Divagando, Intimo y personal por Fer en 27 Julio 2009

        blancanievesÉrase una vez que se era un tipo corriente, un vasallo común en el Reino de Jamás-Jamás, que había sido amado por una princesa resplandeciente que marchó a lomos del caballo del príncipe de otro cuento, para comer perdices en un piso del cinturón urbano que rodeaba la metrópolis del Reino. Nostálgico del feliz pasado, su ocupación principal era releer y rememorar su historia con ella, desde el principio de letra capitular a la palabra  fin con rótulo y dibujitos, una y otra vez. Quizá también porque la princesa se hacía presente de forma virtual en su vida de vez en cuando era por lo que no había conseguido completar del todo  la tarea de olvidarla.

      Una noche que el vasallo común salió de picos pardos con otros escuderos, conocieron a unas alegres doncellas de moral distraída que querían compartir con ellos noche de vino y danzas, para acabar quizá retozando en algún pajar o en la toilette de algún dancing-club. En el preciso instante en que aquellas mujeres comenzaban a arrimarse a ellos con sensuales movimientos y sospechosa proximidad, promesa de inminentes maravillas carnales, haciéndose fotos de móvil sobre la Harley de uno de los escuderos, a nuestro hombre le vibró un SMS en su jubón. “No puedo quitarte de mi cabeza”, le decía la princesa, que pese a tener a su príncipe azul aún buscaba finales felices en otros cuerpos, y añoraba al vasallo de Jamás-Jamás. Las damiselas alegres les propusieron marchar al garito de moda, y él, pese a que su mente discurría ahora con más fuerza en los mundos recreados con su amada, partió con el grupo, dejándose llevar.

                         Así las cosas, se encontraba ensimismado y aislado, apoyado en una columna del local con su whisky en la mano, pensando en su dama, cuando de repente el sueño se materializó ante sus ojos: a un metro de él se encontraba la princesa, que le miraba algo perpleja. No sabía como comportarse ante ella, pues la creyó al principio una broma de su imaginación obsesiva o una irreal aparición. Sin embargo seguía allí, mirándolo, mientras un labriego musculado le susurraba algo al oído.

                         Se observaron fíjamente un minuto sin hablarse. Se acercó a ella y trató de decir algo con sentido. “Las casualidades no existen” se dijo. “Nos hemos pensado con fuerza y nos hemos convocado. Nuestro amor, más fuerte que las circunstancias, nos ha reunido de nuevo, en una noche de magia”. Pero la princesa, rubia y hermosa, lo apartó embarazada, con una sonrisa. “No puedo… no puedo”, decía únicamente. Y la vio desaparecer, entre una maraña de gente plebeya, atendiendo a otros solícitos pretendientes que aspiraban a gozar de sus encantos.

                         El vasallo abandonó el club a toda prisa, atónito y dolorido, espoleando con rabia a su caballo rojo para llegar lo más lejos que sus fuerzas pudieran llevarle. Entendió así el nombre del Reino donde vivían, porque pese al esfuerzo de las hadas, en aquel lugar, jamás, jamás, los sueños se convertían en realidad.

                                                                                            *          *          *          *          *

                   Epilogo:

                          Semanas después recordó por azar que una fotógrafa retrataba a los lugareños que se divertían en aquel lugar donde la había hallado y perdido. Buscó y encontró, en la web publicitaria, las imágenes de aquella noche. Junto a una de él mismo con las alegres doncellas y sus amigos escuderos, descubrió las fotos de su princesa, aparentemente divertida con otros tipos.

                         Con el programa de retoque fotográfico que su mac le ofrecía, escogió una herramienta que sugería arrastrar el puntero sobre un defecto para eliminarlo. Sin escrúpulo alguno, meneó hábilmente el ratón sobre las personas que la acompañaban -para él, los “defectos”- hasta borrarlos por completo, dejando a la bella reinar sola en el recuadro.

                         La princesa le sonreía desde allí de nuevo, cómplice como la recordaba, emergida de una intemporal nebulosa multicolor.

 

Deseos

Publicado en Divagando por Fer en 24 Julio 2009

genio

                   He oído hablar hace algún tiempo de una teoría que me parece interesante, aunque por su esencia es cuestión de fé. Se llama la Ley de la Atracción. Desde mi conocimiento somero, de profano en la materia, entiendo que la teoría plantea que tenemos una influencia energética en lo que nos sucede, que hacemos un llamamiento continuo al Universo con nuestro pensamiento de las circunstancias externas que se van abriendo paso en nuestras vidas. No sólo en lo que sería el mensaje clásico de la psicología positiva (el optimismo, la asertividad, la autoestima alta y la actitud convencida te abren puertas en lo social y lo personal) sino en lo que se refiere a acontecimientos que habitualmente no están a nuestro alcance, como puedan ser encuentros fortuitos o llamadas del azar, las casualidades afortunadas o las desgraciadas. El ejemplo clásico y simplón sería lo de visualizar la plaza de parking en hora punta y encontrarla al momento. A mi me ha sucedido a veces pensar en alguien con insistencia y aparecer físicamente, su coche, o ella, ante mí. ¿Son casualidades que te dejan perplejo, es todo explicable, o existe la magia? Algunos entusiastas de la teoría aseguran que todo es conseguible si se pide con perseverancia y con la convicción y la alegría de haberlo ya obtenido, (el “pedid y se os dará”), tanto en el dinero como en el amor o en otros objetivos, y que cuando se practica se llega a tener la sensación de tener un mando a distancia del Universo (como en un capítulo de “Los Simpson” en que Homer tenía conexión directa con Dios y lo conseguía todo, hasta lo más absurdo, rezando un poquito).

                   La idea resulta atractiva. Cuando no se tiene o se ha dejado de tener fe en Dios, esto puede ser un buen sustitutivo. Te empiezas a preguntar si realmente “tenemos lo que queremos”, si a lo mejor los acontecimientos de nuestra vida, y en general, nuestra vida actual, no habrán sido sino el resultado de nuestra petición más o menos consciente, y si estaremos dando al Universo las órdenes adecuadas. A lo mejor tenemos el mando a distancia, pero no las instrucciones; apretamos el botón incorrecto, y tenemos que soportar un canal o una sintonía que no nos gusta. Quizá cuando nos lamentamos de nuestra soledad, o de nuestra mala suerte, emitimos con potencia esa idea y por tanto la estamos pidiendo, obteniéndola como resultado.  Sucede que a veces, queriendo olvidar a una persona no hemos hecho más que convocarla en nuestras vidas  (el pensamiento persistente es lo que tiene de paradójico). Pienso si, a lo mejor, mi “mando a distancia” ha estado solicitando situaciones no deseadas una y otra vez, en bucle.

                   Pero antes de empezar la tarea de poner en práctica esta teoría, habría que aprender a definir nuestros deseos, pues si el Genio de la Lámpara nos va a hacer la pregunta clave no podemos hacerle perder el tiempo con dudas o divagaciones. Preguntarme qué o a quién quiero en mi vida, y solicitarlo con precisión, de forma operativa. ¿Quiero más pasta? ¿Éxito profesional? ¿Cambiar de empleo? ¿Ser admirado y deseado? ¿Follar más, y más variado? ¿Parejas ocasionales o pareja estable? ¿Quiero una dama doméstica y tranquila, a la que quitarle el delantal los domingos por la tarde cuando me haga el bizcocho? ¿O mejor una joven aventurera y salvaje, sensual y desequilibrada, que me use y me tire para incrementar su currículum sexual? ¿Independencia o vínculos? ¿Variedad o estabilidad?.

                      Defínete, macho, porque no tenemos ya toda la vida. Y el Universo está ahí, dando golpecitos con el pie, impaciente, a ver qué coño quieres…

 

Una canción bonita…

Publicado en Música por Fer en 21 Julio 2009

(… de esas que te pueden alegrar algo el día…  :) )